[Esta entrada puede contener spoilers]
me acuerdo de la tarde en la que
leí un artículo en un periódico que anunciaba la llegada de la
nueva serie de Antena 3. Una serie de misterio, con una pizca de
comedia, y unos actores que prometían que disfrutáramos de buenas
actuaciones. Además, la trama podría ser perfecta para el aire de
misterio que buscaban: un internado donde ocurren desapariciones y
unos alumnos se involucran descubriendo secretos del pasado y que les hará temer por su vida.
Ya comenté esta serie en mi post sobre
las cinco series que nunca recomendaría ni a mi peor enemigo y, aún así, me
sigue pareciendo poco. Esta serie es una de esas de las que nunca te
cansas de criticar. Las dos primeras temporadas, he de admitir, que
fueron muy buenas, con el halo de misterio del que hablaba, presente,
giros argumentales inesperados... Pero, ¿qué ocurrió con el paso
del tiempo? Simplemente que hicieron lo que todos tememos que hagan
con una buena serie: cagarla. Y es que cualquier cosa hubiese sido
mejor que un grupo de nazis intentando exterminar a la especie con un
virus. Para colmo, las tramas secundarias no ayudaban para nada. Aún
me acuerdo cuando llegó Blanca Suárez a la serie como “la chica
que ve fantasmas”. No, Antena 3, lo sobrenatural a lo cutre NO mola.
La única trama que creo que me intrigaba un poco fue la de Noiret y
el conflicto que tenía con su hijo Iván.
Una foto del reparto de la serie.
Por otra parte, sí hay que destacar,
positivamente, las actuaciones de algunos colaboradores de la serie
como Amparo Baró (gran señora y actriz); Luis Merlo, al que era
necesario verlo en un papel después de Aquí no hay quien viva; o
Natalia Millán, que después de Un Paso Adelante se centró
sobretodo en el teatro y poco se había sabido de ella. Además, la
serie nos descubrió a jóvenes actores como Ana de Armas o Yon
González (actualmente trabajando en Gran Hotel, también de Antena 3
y una serie totalmente recomendable); y otros descubrimientos muy a
mi pesar, como el de Elena Furiase y Martín Rivas (qué cosa más
sosa de hombre).
En definitiva, El Internado vuelve a
ser un ejemplo de qué ocurre cuando no se termina una serie a tiempo
o cuando no se tienen buenas ideas y nos dejamos llevar demasiado por
la imaginación.
